El título de este libro ensalza la figura del árbol como una buena metáfora de la savia que recorre el proceso meditativo. No podríamos entender los méritos de la meditación (frutos) y las variadas experiencias que se dan en su seno (flores) sin comprender las técnicas que utilizamos y las estrategias básicas que buscan calma y claridad (ramas). No podríamos darle consistencia a todo el proceso sin una disciplina estable (tronco). Tampoco sostener el anhelo de trascendencia que surge desde la revisión de la insatisfacción (raíces) y, por supuesto, no habría árbol sin la intención nuclear que nos mueve (semilla) y sin contar con la realidad en la que estamos insertos (tierra).
El árbol de la meditación ejemplifica el camino que va de la semilla al fruto, de nuestras intenciones a sus consecuencias y nos recuerda que hay un tiempo de siembra y otro de labor ardua antes de la cosecha.
Julián Peragón
antropólogo, formador en yoga y meditación