El Árbol de la Meditación

Ilustraciones Pep Carrió

El Árbol de la Meditación

Soy un enamorado de los árboles por su majestuosidad, por su belleza y variedad, por esa otra inteligencia silente que apenas conocemos ya que nos faltan muchos años de vida para comprender su metabolismo y su sensibilidad. Ellos son artesanos del tiempo lento, enraizados en la profundidad de la tierra para alzarse con más fuerza hacia el cielo luminoso. Escribe Julián Peragón

Creo, sin lugar a dudas, que los árboles son grandes maestros que nos pueden enseñar sobre la meditación. En este nuevo libro intento extraer metafóricamente la savia que impulsa el árbol desde las raíces para que llegue a los frutos. Entiendo perfectamente que somos una semilla con un propósito, ese anhelo de trascendencia que todos tenemos más o menos despierto y que queremos hacer crecer. Pero claro, esa semilla está plantada en la tierra de la realidad. Una realidad muy real, valga la redundancia, contundente y cruda en muchos aspectos, especialmente en la supervivencia y el encaje en un mundo social. Y desde ahí, partimos. Esperanzados, apasionados, un tanto ingenuos a veces pero empujando con coraje una práctica que queremos mantener como el tronco firme aunque a menudo se nos retuerza.
Siento la meditación precisamente de forma orgánica como el árbol que crece lentamente desde una intención noble y que tiene que atravesar la capa dura de las motivaciones inconscientes, además de capear el vendaval de la presión de la vida. De ahí la necesidad de recogerse un poco cada día para escucharnos, para zurcir lo que el mundo deshace a dentelladas, para reconocer la sombra amenazante que nos persigue pero, sobre todo, para establecernos en lo que verdaderamente somos.
Y esas son las flores de la meditación que nacen después de un largo camino y que prometen que la naturaleza esencial que nos pervive es de plenitud, alegría, confianza y buen humor. Tardamos a veces, mucho tiempo, en darnos cuenta que los frutos de la meditación no son nuestros, pese al esfuerzo dedicado. Una vez desmontada la ilusión de una individualidad independiente, los frutos nos traspasan. Apenas somos un canal que, convenientemente lubrica la humildad, para que esa savia que viene de la tierra misma nos atraviese con el mínimo de resistencia y haga el milagro de los frutos de sabiduría y compasión que en su momento se desprenderán de ese árbol que somos nosotros mismos para que otros puedan saciar la sed de conocimiento.
No encontraréis en este libro un conocimiento técnico, más bien, un viaje interior donde reconocer los posibles obstáculos con los que podemos encontrarnos y los perfumes inspiradores que logren hacernos levantar del asiento confortable en el que nuestra conciencia ordinaria se apoltrona para sentarnos en ese otro cojín que se convierte en una especie de atalaya desde donde divisar nuestro horizonte vital y defender lo más preciado, desde la dignidad hasta la noble búsqueda de una mayor consciencia.
Un libro donde el texto se entremezcla con el arte de Pep Carrió que ilustra con bellísimas imágenes donde lo humano y lo natural conviven y se retroalimentan.

Julián Peragón
About the author

Antropólogo. Escritor y Formador de profesores de Yoga y Meditación de la escuela Yoga Síntesis. Profesor del Master de Mindfulness y Organizaciones Conscientes en la UB.

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