Reflexión
Cuerpo, mente y espíritu

Nos damos cuenta que este esquema viene a recordar lo que decía San Agustín que había que ir de fuera hacia dentro, y de dentro hacia arriba.

Cuerpo
Con respecto al cuerpo, el objetivo de las técnicas utilizadas es recuperar ese ritmo natural de vivencia, es decir, quitarle tensión para poder vivir una vida más sosegada. De hecho ir más deprisa no significa para nada ser más efectivo. La serenidad da claridad y centramiento para poder hacer las cosas bien hechas, con atención.
Se trata de ser conscientes del estrés en el que vivimos y saber torearlo porque al fin y al cabo vivimos en una sociedad estresada. Todas las técnicas de relajación y los masajes encaminados a los puntos de tensión del cuerpo nos servirán para este propósito.
Pero el verdadero trabajo corporal es pedagógico pues partiendo de una escucha profunda para reconocer nuestro mapa de tensiones vamos a educar al cuerpo para que pueda expresarse, para que pueda ser en su más amplia y bella forma. Necesitamos encontrar la vertical (mínimo gasto energético y menos sufrimiento en diferentes secciones), incidir en los apoyos naturales del cuerpo, la basculación, la proyección. Necesitamos que el movimiento sea armónico, coordinado, elegante, sin esfuerzo, es decir, bello. En realidad tratamos de encontrar el tono justo, un equilibrio entre fortaleza y flexibilidad, entre el empuje interno y la resistencia externa.
Por otro lado nuestro cuerpo es también un cuerpo energético, con un metabolismo sutil, con unos centros de energía y esa alimentación energética podemos cuidarla y potenciarla, es decir, tener más energía disponible. Sobre todo utilizamos el Qi Gong y el Pranayama dentro del Yoga para esta dinámica energética.
No nos olvidaremos de dar pistas para una higiene en profundidad, una higiene sagrada cuyo propósito es estar disponible ante lo sagrado. Y de tener claro una alimentación consciente, una vida natural donde el contacto con la tierra, el agua, el sol, el aire sea la activación natural de nuestros recursos de salud.
De esa salud tenemos que hablar, largo y tendido, porque hay que cambiar conceptos. Ya que la enfermedad la entendemos como una crisis depurativa a respetar y no tanto como un incordio a acallar con medicamentos sus síntomas.
A otro nivel el cuerpo es nuestro destino, nos refleja en lo que somos, nos recuerda nuestros olvidos, es un mapa y es una biografía. El cuerpo no es un pesado lastre ni una percha para colgar la imagen social, sino es un templo de oración, un trampolín para el abrazo, una ventana a la belleza, en definitiva, una prolongación del espíritu para saborear y aprender de la vida.

Mente
El trabajo sobre el cuerpo tiene como objetivo el de movilizar la energía que después será utilizada en el proceso de elevación de la consciencia. El cuerpo ha sido un trampolín para impulsarnos hacia dentro y encontrar una mayor madurez.
Como decíamos, en el cuerpo están las huellas de nuestra biografía, atrevernos a leer en él las claves de lo que somos forma parte del crecimiento personal. Pero para hacer esta lectura tenemos que conocer el lenguaje del cuerpo, en todo caso tenemos que escucharlo, a ver qué es lo que dice, qué dicen sus síntomas, qué dice su estructura, qué dicen sus compensaciones. Con nuestro cuerpo, enseguida llegamos a nuestros límites, y aquí hay dos posibilidades, arremeter contra ellos, forzando, imponiendo o encorsetando, o aceptándolos para acompañar, si cabe, esos límites un poco más lejos. No sólo hemos de hacer una lectura corporal, también es preciso reconocer cuál es el hábito del cuerpo.
Por otro lado, hay un trabajo con la mente, es decir, con nuestro carácter o con nuestro ego. Ya sabemos que el ojo que lo ve todo no se ve a sí mismo. Lo mismo ocurre con nuestra óptica de las cosas, no nos damos cuenta que es una óptica posible entre muchas otras. Atrapados a menudo en nuestra ceguera no nos damos cuenta de la sombra que proyectamos. Si nos atrevemos a hacernos la pregunta de ¿quién soy yo? nos daremos cuenta de que hay un fondo en nosotros que pasa desapercibido, que está oculto, reprimido, ninguneado. Hay una vida secreta en cada uno de nosotros que es necesario rescatar. Este es un trabajo lento pero que da sus frutos. Cuestionar el ego para deshacer la máscara, destruir la torre de prejuicios para ganar libertad. Claro que hay que ir a los orígenes, a veces muy lejanos, tantas veces familiares o del propio clan para entender lo que somos de lo que no somos.
Si el cuerpo debe estar sano, la mente tiene que estar madura. Esa madurez consiste en saber ir más allá de las propias ilusiones, no literalizar el deseo, no enzarzarse con las pequeñas trampas cotidianas y mantener el buen humor. Los Yamas y Niyamas (preceptos del Yoga) son una buena referencia para salir de la espiral de inercias internas, y el Eneagrama un marco adecuado para reconocer las compulsiones en las que nos atrapamos.
Nos damos cuenta de que ya hemos iniciado un camino, y en ese camino uno se encontrará con bifurcaciones, con dudas, con extrañezas. La Tradición ha dejado señales que podemos encontrar en el simbolismo, en los arcanos, en los diagramas de sabiduría. Al final debemos cultivar la intuición pues todo camino transita por parajes confusos que sólo la certera intuición puede despejar.
Y ya sabemos que ese camino que recorremos tiene que tener un centro de vivencia, que es el propio corazón.

Espíritu
Habíamos hecho el proceso de ir hacia dentro, de reconocer todo lo que había. Y habíamos visto que somos seres completos, con su luz y su sombra, con su ángel y su demonio. Habíamos visto que el alma en nosotros tiene sus designios y sigue su destino. Nos habíamos creído que éramos el rey del palacio cuando sólo éramos el bufón. Pues bien, en este tercer espacio de trabajo buscamos la trascendencia de eso que somos. No solamente hemos tenido que ir hacia dentro también tendremos que ir hacia arriba, hacia lo más sutil que hay en nosotros, al corazón del corazón, es decir, hacia el espíritu.
En esa mirada sabia que empezamos a tener nos damos cuenta de que lo que anima a las estrellas también anima a nuestro corazón. En realidad no hay fronteras, estamos en perpetuo cambio e interacción con todo lo que nos rodea.
Pero para hacerse sabio hay que, primeramente, hacerse humilde, hacerse tan pequeño como un grano de arena, y sobre todo, hacer silencio para que se manifieste la existencia en su plenitud. El trabajo con la naturaleza es importante porque en ella encontramos un mensaje original, sin artificios, que nos remite a nuestra propia autenticidad. La meditación es, en realidad, el objetivo de todo el trabajo de Síntesis. Más allá de las formas meditativas, el núcleo de todas ellas es el de estar presentes, aquí y ahora en lo que soy.
La buena filosofía nos permitirá afinar nuestro arte de pensar, de aceptar y de disentir. El Vichara (Jñana Yoga) realmente nos cuestiona toda máscara. En todo caso, sabemos que no podemos dejarnos encerrar por la ignorancia, la codicia y el odio, los tres venenos de los que nos habla el budismo.



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