Cuerpo
Con respecto al cuerpo, el
objetivo de las técnicas utilizadas es recuperar
ese ritmo natural de vivencia, es decir, quitarle tensión
para poder vivir una vida más sosegada. De hecho
ir más deprisa no significa para nada ser más
efectivo. La serenidad da claridad y centramiento para
poder hacer las cosas bien hechas, con atención.
Se trata de ser conscientes del estrés en el que
vivimos y saber torearlo porque al fin y al cabo vivimos
en una sociedad estresada. Todas las técnicas de
relajación y los masajes encaminados a los puntos
de tensión del cuerpo nos servirán para
este propósito.
Pero el verdadero trabajo corporal es pedagógico
pues partiendo de una escucha profunda para reconocer
nuestro mapa de tensiones vamos a educar al cuerpo para
que pueda expresarse, para que pueda ser en su más
amplia y bella forma. Necesitamos encontrar la vertical
(mínimo gasto energético y menos sufrimiento
en diferentes secciones), incidir en los apoyos naturales
del cuerpo, la basculación, la proyección.
Necesitamos que el movimiento sea armónico, coordinado,
elegante, sin esfuerzo, es decir, bello. En realidad tratamos
de encontrar el tono justo, un equilibrio entre fortaleza
y flexibilidad, entre el empuje interno y la resistencia
externa.
Por otro lado nuestro cuerpo es también un cuerpo
energético, con un metabolismo sutil, con unos
centros de energía y esa alimentación energética
podemos cuidarla y potenciarla, es decir, tener más
energía disponible. Sobre todo utilizamos el Qi
Gong y el Pranayama dentro del Yoga para esta dinámica
energética.
No nos olvidaremos de dar pistas para una higiene en profundidad,
una higiene sagrada cuyo propósito es estar disponible
ante lo sagrado. Y de tener claro una alimentación
consciente, una vida natural donde el contacto con la
tierra, el agua, el sol, el aire sea la activación
natural de nuestros recursos de salud.
De esa salud tenemos que hablar, largo y tendido, porque
hay que cambiar conceptos. Ya que la enfermedad la entendemos
como una crisis depurativa a respetar y no tanto como
un incordio a acallar con medicamentos sus síntomas.
A otro nivel el cuerpo es nuestro destino, nos refleja
en lo que somos, nos recuerda nuestros olvidos, es un
mapa y es una biografía. El cuerpo no es un pesado
lastre ni una percha para colgar la imagen social, sino
es un templo de oración, un trampolín para
el abrazo, una ventana a la belleza, en definitiva, una
prolongación del espíritu para saborear
y aprender de la vida.
Mente
El trabajo sobre el cuerpo tiene como objetivo el de movilizar
la energía que después será utilizada
en el proceso de elevación de la consciencia. El
cuerpo ha sido un trampolín para impulsarnos hacia
dentro y encontrar una mayor madurez.
Como decíamos, en el cuerpo están las huellas
de nuestra biografía, atrevernos a leer en él
las claves de lo que somos forma parte del crecimiento
personal. Pero para hacer esta lectura tenemos que conocer
el lenguaje del cuerpo, en todo caso tenemos que escucharlo,
a ver qué es lo que dice, qué dicen sus
síntomas, qué dice su estructura, qué
dicen sus compensaciones. Con nuestro cuerpo, enseguida
llegamos a nuestros límites, y aquí hay
dos posibilidades, arremeter contra ellos, forzando, imponiendo
o encorsetando, o aceptándolos para acompañar,
si cabe, esos límites un poco más lejos.
No sólo hemos de hacer una lectura corporal, también
es preciso reconocer cuál es el hábito del
cuerpo.
Por otro lado, hay un trabajo con la mente, es decir,
con nuestro carácter o con nuestro ego. Ya sabemos
que el ojo que lo ve todo no se ve a sí mismo.
Lo mismo ocurre con nuestra óptica de las cosas,
no nos damos cuenta que es una óptica posible entre
muchas otras. Atrapados a menudo en nuestra ceguera no
nos damos cuenta de la sombra que proyectamos. Si nos
atrevemos a hacernos la pregunta de ¿quién
soy yo? nos daremos cuenta de que hay un fondo en nosotros
que pasa desapercibido, que está oculto, reprimido,
ninguneado. Hay una vida secreta en cada uno de nosotros
que es necesario rescatar. Este es un trabajo lento pero
que da sus frutos. Cuestionar el ego para deshacer la
máscara, destruir la torre de prejuicios para ganar
libertad. Claro que hay que ir a los orígenes,
a veces muy lejanos, tantas veces familiares o del propio
clan para entender lo que somos de lo que no somos.
Si el cuerpo debe estar sano, la mente tiene que estar
madura. Esa madurez consiste en saber ir más allá
de las propias ilusiones, no literalizar el deseo, no
enzarzarse con las pequeñas trampas cotidianas
y mantener el buen humor. Los Yamas y Niyamas (preceptos
del Yoga) son una buena referencia para salir de la espiral
de inercias internas, y el Eneagrama un marco adecuado
para reconocer las compulsiones en las que nos atrapamos.
Nos damos cuenta de que ya hemos iniciado un camino, y
en ese camino uno se encontrará con bifurcaciones,
con dudas, con extrañezas. La Tradición
ha dejado señales que podemos encontrar en el simbolismo,
en los arcanos, en los diagramas de sabiduría.
Al final debemos cultivar la intuición pues todo
camino transita por parajes confusos que sólo la
certera intuición puede despejar.
Y ya sabemos que ese camino que recorremos tiene que tener
un centro de vivencia, que es el propio corazón.
Espíritu
Habíamos hecho el proceso de ir hacia dentro, de
reconocer todo lo que había. Y habíamos
visto que somos seres completos, con su luz y su sombra,
con su ángel y su demonio. Habíamos visto
que el alma en nosotros tiene sus designios y sigue su
destino. Nos habíamos creído que éramos
el rey del palacio cuando sólo éramos el
bufón. Pues bien, en este tercer espacio de trabajo
buscamos la trascendencia de eso que somos. No solamente
hemos tenido que ir hacia dentro también tendremos
que ir hacia arriba, hacia lo más sutil que hay
en nosotros, al corazón del corazón, es
decir, hacia el espíritu.
En esa mirada sabia que empezamos a tener nos damos cuenta
de que lo que anima a las estrellas también anima
a nuestro corazón. En realidad no hay fronteras,
estamos en perpetuo cambio e interacción con todo
lo que nos rodea.
Pero para hacerse sabio hay que, primeramente, hacerse
humilde, hacerse tan pequeño como un grano de arena,
y sobre todo, hacer silencio para que se manifieste la
existencia en su plenitud. El trabajo con la naturaleza
es importante porque en ella encontramos un mensaje original,
sin artificios, que nos remite a nuestra propia autenticidad.
La meditación es, en realidad, el objetivo de todo
el trabajo de Síntesis. Más allá
de las formas meditativas, el núcleo de todas ellas
es el de estar presentes, aquí y ahora en lo que
soy.
La buena filosofía nos permitirá afinar
nuestro arte de pensar, de aceptar y de disentir. El Vichara
(Jñana Yoga) realmente nos cuestiona toda máscara.
En todo caso, sabemos que no podemos dejarnos encerrar
por la ignorancia, la codicia y el odio, los tres venenos
de los que nos habla el budismo.